(Teatro de Las Estaciones. Cuba. Foto compañía)

El Teatro de Títeres encandila actualmente y sorprende por su asombrosa versatilidad, las marionetas levantan pasiones, quizás por esa posibilidad narrativa de desdoblamiento que las caracteriza: ¿objetos o sujetos? ¿dentro del retablo o llenando el espacio vacío del escenario?, ¿con el titiritero a la vista o oculto? Muchas preguntas en busca de certidumbres; hoy los títeres son elementos dramáticos esenciales y necesarios en la renovación de la escena contemporánea, no exagero, lo afirmo convencido.

La evolución en los últimos años del Teatro de Títeres ha permitido que los Títeres ocupen hoy un lugar destacado en el panorama cultural de las artes escénicas. Los títeres son objetos que quieren ser sujetos. La relevancia social adquirida actualmente les otorga un prestigio que precisa de un debate pausado que les dote de cuerpo teórico e intelectual: ¿Quién manipula a quién? Sin abandonar su origen popular, ocupa el centro del debate sobre el futuro del teatro y la escena contemporánea.

Carnaval. Cuba- Foto compañía

Si observamos la situación por la que atraviesa el Teatro de Títeres hoy, rápidamente vemos que la clásica imagen del titiritero ambulante con sus títeres y su carromato estaba asociada inefablemente al teatro infantilizado de raíces folklóricas que corresponde más a una visión romántica del oficio que a la realidad en la que este arte de la marioneta se desarrolla en la actualidad. Aún sabiendo que quién pierde los orígenes pierde identidad, el teatro de Títeres evoluciona y se adapta.

Los teóricos del asunto coinciden en señalar qué los Títeres estaban en decadencia, habían perdido relevancia social y cultural, en muchas ocasiones habían quedado relegados a los tradicionales y populares Polichinelle, Punch, Guiñol, etc. Estos populares y entrañables personajes han sobrevivido y siguen iluminando plazas, calles y teatros de todo el mundo donde repiten una y otra vez sus rutinas centenarias.

Javier Aranda con dos personajes. Foto compañía

Hoy, estos personajes tradicionales del Teatro de Títeres conviven con otras maneras de narrar y entender el mundo, consecuencia de una sociedad cambiante que propone otros usos y costumbres. Todavía nos encandilan, pero van perdiendo efectividad en cuanto a su aguda y característica crítica social, tras haberse convertido en un espectáculo ingenuo destinado a la infancia. Hoy, los títeres de cachiporra, cultural y socialmente están considerados como un espectáculo políticamente incorrecto, entrañable pero poco edificante.

Pero la verdad es que en la actualidad el Teatro de Títeres lucha por recuperar relevancia cultural y prestigio social, trata de convivir en igualdad de condiciones con el Teatro en su definición más universal y amplía. Se inician nuevos caminos narrativos que van más allá de los Títeres. Una nueva etapa de esplendor se abre camino poco a poco.

Javier Aranda. Foto compañía

Los Títeres como las sociedades evolucionan, cambian, se enfrentan a nuevas realidades tecnológicas, políticas, culturales y transforman sus usos sociales y culturales, cambios que en lo referente al quehacer titeril afectan y transforman su devenir. Los cambios ponen de manifiesto que actualmente nos encontramos con una terminología confusa para referirse al Arte de los Títeres. La terminología está por definir, prueba de ello son los numerosos nombres con que es designado: Teatro de objetos, Teatro Material, Teatro de Marionetas, Teatro de Títeres, Teatro de lo Inanimado, Teatro de Figuras, Teatro Visual, TTVO, etc., conceptos que algunas veces parecen ser excluyentes y contradictorios, cuando son complementarios.

Acordemos la terminología para poder definir adecuadamente un cuerpo teórico que abra un debate sobre los términos que caracterizan y definen el Teatro de Títeres y que son los instrumentos que permitirán transformar la escena contemporánea. La importancia del lenguaje y las palabas. Teorizar y dotar de cuerpo intelectual el arte de los títeres. Pasar de lo popular a lo intelectual es ganar relevancia social. 

Carnaval. Cuba. Foto Sergio jesús Martínez

Desde la discreta condición de gestor cultural, me atrevo a reflexionar sobre algunos planteamientos estéticos que se dan en las puestas en escena para Títeres y que  marcan caminos a experimentar. Por un lado, observo como muchos creadores de puestas en escena para Títeres suprimen los retablos donde desarrollar la acción y realzan la presencia y visibilidad en escena del títere y del titiritero/a, favoreciendo la labor de interpretación y generando una coreografía entre actor/muñeco, títere/titiritero, dejando a la vista el desdoblamiento, que creo es el elemento fundamental del arte de los títeres, ¿quién manipula a quién? Y aunque ya lo habíamos visto antes, hoy es lo más habitual, el espacio se amplia y se ve delimitado por el Director de escena que se hace muy presente actualmente en el Teatro de Marionetas.

El Teatro de Títeres de camino y carreta deja paso a un quehacer titeril que evoluciona desde las rutinas mas tradicionales al uso de nuevos lenguajes escénicos que surgen de la formación y del aprendizaje que los titiriteros/as han adquirido acercándose a la formación actoral y teatral reglada. Los Títeres salen del Retablo y pasan a ocupar todo el escenario. Se convierten en vehículos esenciales de la narración dramática, en ocasiones manipulan al manipulador, se elaboran dramaturgias donde el Títere no solo es interpretado, sino que se convierte en intérprete de igual a igual, el doble pasa a tener protagonismo, ilusión frente a confrontación, ¿el titiritero visible o invisible?, ¿quién manipula a quién?

Teatro de Las Estaciones. Cuba. Foto compañía

Los títeres renuevan el canon que les caracterizaba, usan las técnicas más contemporáneas para desde la tradición llegar a la vanguardia. Peter Brook en su emblemático libro el espacio vacío dice: una obra de teatro es un juego. Hoy los Títeres juegan y aprenden.

Los directores de escena simbolistas desean la sustitución del hombre en escena por un elemento simbólico, así el elemento humano no contaminaría la pureza de la puesta en escena. En mi opinión son radicalismos infantiles. En ese sentido los Títeres aportan una visión que no sustituye, sino que complementa, el uno y el otro se necesitan, reitero ¿quién manipula a quién? Estamos en el oxímoron del Títere que manipula al Titiritero/a.

Los Títeres y con ellos los Titiriteros/as han pasado de la displicencia a la relevancia cultural dentro del universo de las artes escénicas. Los Títeres ocupan un lugar relevante en los escenarios de todo el mundo. El carromato quedó para mantener vivo el sentimiento romántico de este arte popular, actualmente los títeres quieren dejar de ser objetos para pasar a ser sujetos.

Voy a contar una anécdota que solamente me ratifica en que esta evolución viene de lejos y ya la intuían los grandes maestros titiriteros de finales del S. XX. La incombustible y curiosa Concha de la Casa a finales de los años 70   consiguió con su empeño y tesón viajar y recibir un curso en Polonia con el director teatral y gran maestro Tadeusz Kantor, en un taller internacional que en esta su primera edición reunió  a un número de participantes dedicados al arte milenario de los títeres. Kantor comenzaba su primera clase del taller dándoles a cada alumno/a una piedra, a partir de esa piedra los alumnos/as narraban una historia, al día siguiente el maestro los llevó a la playa, allí recogieron todo tipo de objetos que el mar devolvía. Con todos ellos, los participantes narraban una historia.

La Quebranta. Foto compañía

En ese taller participaron junto a Concha de la Casa, Henryk Jurkowski, Margareta Niculescu y gentes de El Bread and Puppet de Peter Schumann. Eran las vacas sagradas del teatro de títeres del siglo pasado que en aquel momento practicaban con Kantor técnicas de creación que hoy nos parecen de vanguardia, estaban trabajando lo que hoy se conoce como Teatro de objetos. El titiritero actúa y al actuar se convierte en voz y cuerpo del pensamiento del Títere, se desdobla cuando no es el títere el que manipula al titiritero. Así eran los intentos de Philippe Genty utilizando la técnica del teatro negro a través del dominio de la luz (haz lateral), lo que le permitía jugar con la ilusión de la autonomía de los objetos manipulados. El títere que manipula al titiritero.

El titiritero/a fuera del retablo acciona los movimientos naturales que transmite al muñeco: caminar, correr, saltar, arrastrarse, rodar, gatear, girar. La animación de la figura fuera del retablo le permite desarrollar una coreografía con el titiritero a modo de paso a dos (pas de deux), danzan en un juego dramática donde el actor-titiritero/a se desdobla, los Títeres modifican su carácter de instrumento, de medio para convertirse en intérpretes. Dejan de ser objetos para ser sujetos.

Federico García Lorca abre su Retablillo de don Cristóbal de esta forma tan curiosa y peculiar: El público culto de esta tarde sabrá recoger, con inteligencia y corazón limpio, el delicioso y duro lenguaje de los muñecos. Vana ilusión Inteligencia y corazón limpio. Casi nada nos pide el poeta. Hoy, desprendidos del retablo, los titiriteros/as siguen anhelando el público culto, inteligente y de corazón limpio del que habla el poeta, público que sigue conmocionándose con el milenario arte de las marionetas.

Actualmente, sin abandonar la tradición que mantenemos, los Títeres evolucionan y avanzan por el amplio espacio creativo de las artes escénicas creando nuevos caminos de expresión dramática. Como diría Peter Brook, ocupando el espacio vacío, pero con cuidado y atentos porque en manos envilecidas las marionetas no son sino grotescos y vulgares histriones, así lo afirma Gordon Craig y yo lo ratifico: Amar o vivir de los Títeres, conceptos distintos que abren un nuevo debate: ética y estética en el Teatro de Títeres.

La Quebranta. Foto compañía

Heinrich Von Kleist, a finales del siglo XVIII. En su libro sobre el teatro de marionetas, que se ha convertido en un punto de referencia obligado para los investigadores y creadores sobre la figura del Títere contemporáneo, Kleist ilumina muchos de los aspectos esenciales de esta reflexión. El libro, escrito a modo de un cuento, nos relata el diálogo entre el narrador y el primer bailarín de la çopera, quien es un asiduo admirador del teatro de marionetas. El primer bailarín introduce a su amigo en su devoción por las marionetas, quien con incredulidad escucha las atribuciones que este les otorga.

Una interesante narración para entender esta transformación del Teatro de Títeres, esos maravillosos objetos que en la actualidad quieren ser sujetos y salen del retablo, su habitual lugar de trabajo. Los títeres y marionetas que fueron muy influenciados en tiempos pasados por el teatro realista y burgués de la época fueron limitados a ser una copia del teatro de actores, poniendo especial atención en imitar las características humanas en su apariencia y gestos. Afortunadamente, hoy los Títeres salen del retablo para ampliar sus posibilidades como objetos que pasan a ser sujetos, mientras los titiriteros/as se convierten en interpretes manipulados por los Títeres.

Paradojas del Teatro de Títeres, muchas preguntas en busca de respuesta, seis personajes en busca de autor. Los Títeres buscan su sitio en la escena contemporánea. El arte de los Títeres va más allá de los Títeres.

El director y autor italiano Eugenio Barba escribía con curiosidad: cuántas veces hemos sentido repetir la pregunta: ¿Para qué sirve el teatro? Quizás exagerando, pero es una buena forma de terminar esta reflexión, diré que la respuesta a la pregunta de Barba esta en el Teatro de Títeres contemporáneo. Futuro, vanguardia, tradición, renovación y nuevos lenguajes escénicos.